FASE 3
Conectar con tus valores
A veces, el ruido del dolor y las exigencias del día a día son tan fuertes que sentimos que hemos perdido nuestra brújula. Nuestra mente lógica, esa que usamos para resolver problemas, se queda atascada. Intenta ‘arreglar’ la situación, pero solo da vueltas y vueltas a las mismas historias de ‘dolor sucio’, a las preocupaciones y a las listas de todo lo que hemos perdido. Estos ejercicios son diferentes. No usan la lógica de la mente que lucha; en su lugar, conectan con la imaginación y la sabiduría de tu corazón. Son visualizaciones poderosas diseñadas para ayudarte a recordar, de una forma más sentida y profunda, qué es lo que realmente valoras, saltándote el «sí, pero…» de tu mente racional.
Tus Herramientas para la Clarificación de Valores
1. Ejercicio Sencillo: La «Pregunta Mágica»
Objetivo: Usar la imaginación para saltar temporalmente por encima de tu ‘mente lógica’ habitual, esa que se queda atascada en la ‘tiranía de los peros’ («me gustaría, pero el dolor…», «no puedo…», «no es realista…»). El fin es liberarte de esas barreras mentales y del ruido del ‘debería’ para conectar de forma pura con lo que tu corazón realmente anhela, sin que la duda o el miedo lo silencien primero.
Práctica: Cierra los ojos y tómate un momento para hacer este experimento mental. No tienes que creer que sea posible, solo imaginarlo. Hazte esta pregunta: «Si por arte de magia, por solo un día, todo el dolor, todos los miedos, todas las dudas y todos los pensamientos negativos desaparecieran por completo… ¿qué harías diferente? ¿Cómo te comportarías? ¿Qué pequeña cosa empezarías? ¿Qué dejarías de hacer?». Imagínalo con detalle. ¿Llamarías a alguien? ¿Saldrías a pasear? ¿Empezarías ese proyecto aparcado? ¿O simplemente te sentarías en el sofá con una sensación de calma y paz? No juzgues la respuesta, solo obsérvala. Esas respuestas son tus valores susurrándote. Son las pistas más claras de lo que de verdad te importa, una vez que quitamos de en medio el ruido del dolor. Este ejercicio no te dice que tienes que hacer todo eso mañana, pero te muestra la dirección hacia la que tu corazón quiere caminar. Anota en un cuaderno la respuesta a estas preguntas para que no se te olviden.
2. Ejercicio Intermedio: Tu Yo de 80 Años
Objetivo: El objetivo es usar la imaginación para tomar una perspectiva radicalmente diferente de tu vida actual. Al ‘hablar’ con tu ‘yo futuro’, te desconectas de la urgencia y el agobio del momento presente (el dolor, el miedo, la frustración). Esta ‘sabiduría distanciada’ te permite ver con más claridad qué fue lo que realmente importó al final del camino, ayudándote a diferenciar las preocupaciones pasajeras de tus valores más profundos y duraderos.
Práctica: Este es un ejercicio profundo de perspectiva. Intenta realmente visualizarlo: imagina que tienes 80 años. Has vivido una vida larga. Estás sentado/a en un lugar tranquilo, reflexionando con calma. Desde esa sabiduría que dan los años, mira hacia atrás, a la persona que eres hoy, con todos sus miedos, su dolor y sus luchas. ¿Qué consejo le daría ese «yo» sabio y anciano? ¿Qué le diría que es realmente importante, que valió la pena al final? ¿En qué le animaría a invertir su tiempo y su energía? ¿Sobre qué le diría que no se preocupe tanto? ¿Qué lamentarías profundamente no haber hecho, no por el dolor en sí (que quizás no podías controlar), sino por el miedo al dolor (que sí podías aprender a manejar)? Tómate tu tiempo y escucha atentamente ese consejo. A menudo, la voz de nuestro yo futuro ve con mucha más claridad lo que de verdad importa. Cuando termines anota un papel todas los consejos y respuestas del anciano a tu yo más joven
